miércoles, 9 de mayo de 2007

No es mi corazón el que te habla
sino suspiros encerrados entre rejas
que astiados brotan de mi boca
como acordes frustrados de guitarra
llenos de melancolía.





Objeto eres de mi amargo trance
me siento hoy brecha quemada
inútil, rozando el no ser,
presa de tu suerte trocada.
Tristes se me hacen los dias
ajenos a la esperanza,
vagos, si les hablas de amor,
secos, si les hablas de lágrimas.




No pases nunca por allí,
por sus ojos altivos,
su mirada férrea
sus duras manos,
su sonrisa etérea.
No te dejes seducir
por sus largos abrazos,
su tierno beso
su caricia constante,
pues allí quedará tu mente,
en ése último suspiro,
encerrada siempre.





Qué caprichosa es la vida,
que te da cuando no pides,
que te despierta cada mañana
dándote un beso en la frente.
Qué triste la vida
que te quita lo que tienes,
que se despide cada noche
sin saber cuánto te quiere
Qué loca, la vida
que te engaña todos los dias
que te llama, que se esconde,
que juega burlonamente.

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